EL REVISIONISMO HISTÓRICO

Por PACHO O´DONNELL

Alguien que tiene una clara idea de la historia verdadera, como la doctora. Cristina Fernández de Kirchner, ha avanzado en la senda del revisionismo: la reivindicación de la gesta de la Vuelta de Obligado, el ascenso a Generala de Juana Azurduy, la puesta en relieve de Manuel Dorrego, también el guión historiográfico de la celebración del Bicentenario que tanto escozor provocó en sectores del liberalismo conservador.

Los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX escribieron la historia oficial, la que siempre nos contaron y nos enseñaron, y su espíritu no pudo sino reproducir la ideología oligárquica, porteñista, liberal en lo económico y autoritaria en lo político, antiprovincial y anticriolla de aquellos cuyo proyecto de país estaba resumido en el dilema sarmientino entre “civilización”, lo europeísta-porteño, y “barbarie”, lo criollo-provincial.

Estaban convencidos del país que querían y lo llevaron adelante sin reparar en medios. Guiados por un abstracto “progreso”, diseñaron una sociedad a la imagen y semejanza de las naciones poderosas de la época y copiaron sus instituciones y sus cartas magnas sin importar que ellas respondiesen a circunstancias e idiosincrasias ajenas a las raigalmente nuestras. Para ellos, civilizar fue desnacionalizar. De allí nuestras costumbres, nuestros gustos, nuestra arquitectura, nuestros deportes, nuestros vicios. Nuestra historia.

Para llevar a buen puerto ese proyecto de organización nacional consideraron imprescindible renunciar a lo criollo y a lo popular que constituían la identidad medular de lo argentino. Comenzar de cero, imaginando haber nacido del otro lado del océano. O en el hemisferio norte. Sus ideólogos, en especial Sarmiento y Alberdi (este antes de su conversión y de su conflicto con el sanjuanino), bregaron por la transformación de la Argentina en lo que no era, pero que ellos consideraron que debía ser.

Debieron entonces enfrentar una dificultad supina: sus mayorías, la plebe, “no servían” para el proyecto “civilizador”. No olvidaban que era contra ellos que habían combatido a lo largo de los años de guerras civiles, pues los criollos, los indios, los gauchos, los mulatos, los orilleros habían sido leales, en su inmensa mayoría, a quienes representaron sus intereses ante el extranjerizante despotismo porteño: Artigas, Dorrego, San Martín (sí, San Martín) , Rosas, Ramírez, López, Peñaloza, Felipe Varela. Todos ellos, vale apuntar, de finales trágicos.

Porque no se trataba de hacer un país confortable para las grandes mayorías, sino de acomodarlo a las necesidades de los poderosos: “Hemos de componer la población para el sistema de gobierno, no el sistema de gobierno para la población (...) Necesitamos cambiar nuestras gentes incapaces para la libertad” (Sarmiento).

Luego del asesinato de Dorrego se desencadenó un genocidio de gauchos federales, matanza que se repitió, amplificada, luego de que Urquiza entregase a Mitre el triunfo en Pavón. Los porteños organizaron entonces el Ejército Nacional, que fue lanzado a las provincias para ocuparlas y desalojar a sus gobernantes federales. En los años posteriores a Pavón murieron la mitad de los gauchos de la campaña.

La propuesta fue más allá del aniquilamiento físico y apuntó a la extirpación cultural, también psicológica, de todo aquello que oliera a plebeyo y nacional, identificado con barbarie, y lo hispánico, homologado a decadencia. Se estableció así una condición esencial de la dependencia argentina de intereses ajenos a los patrióticos en complicidad con su dirigencia política y económica. Mecanismo automático que funciona a nivel colectivo, en cada argentina y argentino, y se activa sin que se tenga conciencia de ello, pues está muy arraigada en nuestra cultura −más aun: en nuestro psiquismo− la idea de que lo culto, lo civilizado, lo deseable es lo exógeno. Ese diseño es el que se prolonga hasta nuestros días, con las variaciones impuestas por épocas y circunstancias, y a su calor se desarrolló la historiografía que le era funcional, sustentada por ceremonias escolares, marchas patrióticas, libros de texto, cátedras universitarias, academias y el dominio de los mecanismos de prestigio y de financiación.

Contra esa versión tendenciosa surgió en el pasado el “revisionismo histórico”, cuyo primer antecedente puede encontrarse en el Juan B. Alberdi que había regresado del elitismo: “En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales Mitre, Sarmiento o Cía. han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la Revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras, ellos tienen un alcorán que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje” (Escritos póstumos).

Desde sus inicios pueden detectarse un “revisionismo de derecha” y un “revisionismo progresista”. El primero pondrá el énfasis, por ejemplo, en el Rosas amante del orden, defensor de la soberanía nacional, aferrado al catolicismo en contra de la difundida masonería de su época. El segundo es representado por quienes compartían la opinión de la columna vertebral del revisionismo progresista, José María Rosa: “El gobierno de Rosas puede llamarse socialista. La Confederación Argentina con su sufragio universal, igualdad de clases, fuerte nacionalismo y equitativa distribución de la riqueza era tenida como una verdadera y sólida república “socialista” adelantada al tiempo y nacida lejos de Europa.”

La historia oficial se recicló rebautizándose como “historia social”, dominante en las universidades argentinas, que incorporó criterios y tecnologías actualizadas en un cambio cosmético sincerado por uno de sus principal ideólogos, Halperín Donghi (Ensayos de historiografía): “Nos proponemos ilustrar y enriquecer, pero cuidando de no ponerla en crisis, a la línea tradicional.” Es decir que se trata de una historia oficial modernizada.

Cabe aclarar que ningún prejuicio existe contra las serias y honestas investigaciones historiográficas llevadas a cabo por quienes no se identifican con el revisionismo; lo que cava la diferencia entre las corrientes en disputa es la interpretación que de ellas se hace.

Algunas acciones del gobierno nacional presidido por alguien que tiene una clara idea de la historia verdadera, como la doctora. Cristina Fernández de Kirchner, han avanzado en la senda del revisionismo: la reivindicación de la gesta de la Vuelta de Obligado, el ascenso a Generala de Juana Azurduy, la puesta en relieve de Manuel Dorrego, también el guión historiográfico de la celebración del Bicentenario que tanto escozor provocó en sectores del liberalismo conservador.

Araceli Bellota, Hernán Brienza, Eduardo Rosa, Pancho Pestanha, Luis Launay, Víctor Ramos, Leticia Manauta, Leonardo Castagnino, Eduardo Luis Duhalde, Hugo Chumbita, González Arzac, Oscar Denovi, Enrique Manson, Vergara Bertiche, Pablo Hernández, Roberto Surra, Marcelo Gullo, Muñoz Azpiri, García Pérez, Caro Figueroa, los recientemente fallecidos Ernesto Ríos y Enrique Oliva, son algunos de los declarados revisionistas actuales del campo nacional y popular, mayoritariamente peronistas, a los que vale agregar también a Felipe Pigna, Jorge Lanata, Daniel Balmaceda y a aquellos que se han ocupado de reescribir la historia más reciente como Ceferino Reato, Roberto Caballero, Marcelo Larraquy, Vicente Muleiro, María Seoane, Eduardo Anguita y otros. También cabe consignar a los revisionistas marxistas como Norberto Galasso.

Lo que unía y une a los revisionistas es lo que expresó Arturo Jauretche: “Véase entonces la importancia política del conocimiento de una historia auténtica; sin ella no es posible el conocimiento del presente y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro, porque el hecho cotidiano es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será, que no por difuso es inaccesible e inaprensible.”

Es que no puede construirse un futuro venturoso sobre la base de un pasado falsificado.

RAUL SCALABRINI ORTIZ Y EL PERIODISMO RESISTENTE

Por Francisco José Pestanha

A pesar de constantes prédicas que niegan el fenómeno, la historia de la humanidad nos demuestra palmariamente que las dinámicas coloniales han determinado y aún determinan las relaciones de poder entre los estados, y además que ellas, no se manifiestan exclusivamente en el orden de lo económico sino que se expresan también en el universo de lo cultural, y en tanto, en el campo de lo intelectual. Queda claro además que los pueblos a fin de sobrellevar tal impronta, suelen adoptar las más diversas modalidades de resistencia.

Desde diferentes perspectivas el pensamiento americano en general y el argentino en particular, ha abordado la cuestión de la resistencia cultural resultando ilusorio en este breve artículo enunciar la totalidad de tales orientaciones. Pero a pesar de ello puede sostenerse sin temor a equívoco, que Manuel Ugarte, Fermín Chávez, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros tantos, han asumido y representado en su época lo que hoy denominamos “la matriz resistente”.

Algunos “intelectuales” escandalizados por la reivindicación constante que hacemos de tales autores inclusive en el ámbito universitario, atribuyen nuestra vindicación y homenaje a cierta tradición paranoica fogoneada desde las altas esferas del poder. Mal entienden ellos el verdadero objetivo de la ciencia, ya que la puesta en valor de sus señeras obras no responde a un proceso que viene de arriba hacia abajo si no muy por el contrario de abajo hacia arriba. Muchos de nosotros hemos sido testigos y quizás participes de un fenómeno sociológico que se remonta cuanto menos a unos 15 años atrás, y a través del cual, espontáneamente, nuestra comunidad fue reconstituyendo un acervo intelectual y conceptual que el maestro Fermín Chávez definió magistralmente como epistemología de la periferia.

Raúl Scalabrini Ortiz representó a en su época a esta modalidad epistemológica a partir de una “práctica periodística resistente”. En tiempos del imperceptible yugo Británico, don Raúl se propuso denunciar inclusive a la propia prensa consagrada afirmando en alguna oportunidad que “en un país empobrecido, los grandes diarios son órganos del dominio colonialista. El periodismo es quizás la mas eficaz de las arma de las naciones eventualmente poderosas han utilizado para dominar pacíficamente a los países más débiles”. Para Scalabrini mediante el “diestro empleo de la información” cierta prensa transmitía “solo aquella parte de la realidad que conviene a los intereses que representa”, poniendo de esta forma en el tapete una verdad no siempre revelada ni asumida.

El autor de “El hombre que esta solo y espera” pudo haber usufructuado de los privilegios que le hubiera otorgado su temprana coronación literaria. No obstante, optó libremente por asumir el desafío de practicar un verdadero periodismo independiente, independencia que se reveló no solamente en su coherencia, sino además en la precariedad económica con la que convivió hasta sus últimos días. Scalabrini además eligió abiertamente ejercer un periodismo útil a su comunidad, ya contribuyó a liberarla demostrando nada más y nada menos que el capital ferroviario invertido en la argentina, era una organización económica montada para extraer regalías extarodiarias a costa del trabajo argentino.

Scalabrini Ortiz en definitiva prefirió erigirse en uno de los precursores del periodismo militante, ya mediante su intuición, su sagacidad, su formación, su inteligencia y su sacrificio, logró penetrar en las en redes ocultas que sojuzgaban a la Argentina consagrando así su vida a una sola causa: la liberación integral del país.

LOS RESPONSABLES DE LA INFLACIÓN


por Walter Moore*
TELAM - Agencia de Noticias de la República Argentina

Nota correspondiente a la publicación del día Viernes de 12 de Noviembre de 2010

La poderosa constelación de medios que se ocupó de demonizar las actividades del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, en sus esfuerzos para contener la suba de precios, ahora agita el fantasma de la inflación.
Esto implica, al menos, una peligrosa deshonestidad intelectual al culpar al gobierno por dos actividades contrapuestas, mientras el más elemental análisis exculpa al gobierno de la actual escalada de precios.
Es el gobierno el que subsidia, o sea paga a las empresas para que éstas no aumenten los precios de algunos servicios básicos, como el transporte, el agua, la electricidad, etc.
Mientras estas empresas privatizadas (extranjeras en su mayoría), no cesan de presionar para que se aumenten los precios.
Entre la batería de recursos destinadas a culpar al Gobierno del crecimiento de los precios se menciona el incremento del circulante, llamado en la jerga bancaria M2, que en la Argentina se mantiene extraordinariamente bajo, en un 25% del monto del PBI, mientras que en países que enfrentan el peligro contrario a la inflación, la deflación, como Estados Unidos, el circulante había crecido hasta superar el 110% de su PBI, y eso fue antes de la nueva emisión de 600.000 millones de dólares programada.
Además, el gobierno impide que se devalúe nuestra moneda, a pesar de la permanente presión de los sistemas financieros para que lo haga, porque una devaluación incrementaría los costos de insumos (o productos) importados.
Tampoco puede acusarse al Estado de imponer una presión impositiva adicional, pues su accionar se limita a disminuir la evasión y la elusión impositiva, actividad que practican muchas empresas.
Tampoco son factores inflacionarios relevantes los precios de las materias primas, excepto en de algunos rubros como carnes o combustibles, pero cuyo análisis merece un tratamiento que excede los límites de este trabajo.
Entonces, si no es el Estado el villano que genera la inflación, alguien lo es, porque los precios crecen.
La acusación que pueden hacerle al gobierno es la de haber incrementado la demanda al incorporar al consumo a un gran sector de la población que estaba excluido, efecto provocado por el crecimiento de los ingresos y la cantidad de jubilados o la asignación universal por hijos.
Lo natural es que este aumento de la demanda debe ser satisfecho con un incremento de la producción, para lo cual suele ser necesario realizar inversiones utilizando las grandes ganancias obtenidas, pero muchas empresas optan por aumentar los precios, así ganan más produciendo la misma cantidad, pero eludiendo sus responsabilidades sociales como empresarios, que no consisten en hacer beneficencia, sino de jugar limpio su rol en la economía.
Hoy existen sólo dos grupos responsables del incremento constante de los precios, los empresarios del sistema agroalimentario ya mencionados y los Grandes Distribuidores, o sea la cadena de supermercados e hipermercados.
Ambos grupos pertenecen, en su gran mayoría a empresas trasnacionales que han ocupado los principales resortes de nuestra economía, durante la ofensiva contra el Tercer Mundo llamada Globalización, desarrollada en las dos últimas décadas del siglo pasado.
El supermercadismo, controlado por las grandes empresas transnacionales de la distribución, ingresó en nuestros países buscando recomponer los bajos márgenes comerciales y el decreciente poder de compra registrados en sus países de origen, como consecuencia de mercados maduros y saturados y de regulaciones restrictivas para la apertura de locales.
Su política es obtener márgenes de comercialización tres a cuatro veces superiores a los que obtienen en sus países de origen.
A su vez, han logrado un creciente dominio de los sistemas de producción agroalimentaria, pues gracias a su enorme poder de compra pueden enriquecer o hacer quebrar a las empresas proveedoras, y para vender incrementar sus beneficios eliminan procesos de intermediación desarrollando marcas propias, envasando numerosos productos con marcas propias.
El proceso de extranjerización de la economía, ha permitido una concentración de los sistemas de distribución, disminuyendo a unas pocas cadenas de supermercados, que curiosamente aumentan los precios (o en algunos casos los disminuyen) al mismo tiempo.
Esto permite suponer que se ha armado un sistema de “cartelización” que se articula con las grandes empresas del sistema agroalimentario, con lo cual se elimina la competencia, base sacrosanta de las bendiciones del “libre mercado”, cuyo principal argumento es la competencia, definida como "una situación en la cual los agentes económicos tienen la libertad de ofrecer bienes y servicios en el mercado, mientras los consumidores pueden elegir a quién compran estos bienes y servicios.
En general, esto se traduce por una situación en la cual, para un bien determinado, existen una pluralidad de oferentes y una pluralidad de demandantes".
Pero en el caso de los monopolios combinados o cartelización, que consiste en el acuerdo de precios de venta y de compra por parte de las grandes empresas, se elimina el factor competencia, y así conforma un monopolio privado, que se enriquece, a costa de la calidad de vida de toda la población.
En otras palabras, para que el Estado controle la inflación, en el estado actual de organización del sistema económico, además de los acuerdos de precios que pueda lograr con algunos sectores, debe tomar una serie de medidas que provocarán un griterío de protesta por los medios de difusión al servicio del capital concentrado y a las empresas multinacionales.
Como por ejemplo: Establecer un sistema de precios máximos con un fuerte poder punitorio para aquellos que lo transgredan.
Crear sistemas de distribución y producción agroalimentaria que compita con las grandes cadenas de distribución actuales, ya sean cooperativas de productores, empresas mixtas (estatales y privadas), ferias populares, financiamiento inicial de las proveedurías gremiales o barriales, para mencionar sólo algunas posibilidades.
Reprimir con todo el peso de la ley las actividades que impliquen acuerdos de cartelización entre las grandes cadenas, eliminando la competencia entre las mismas.
Obligar a desmantelar las grandes cadenas de distribución, vendiéndolas en partes a diferentes empresas capaces de competir entre sí, y limitar legalmente el tamaño que pueda tener cada grupo económico para impedir las actuales tendencias monopólicas.
Resumiendo, la inflación lleva el dinero de los bolsillos de la población a las arcas de las multinacionales, y esto perjudica a todos, pues la demanda de aumento de ingresos para compensarla, desequilibra la armonía social.
Perón afirmaba que “mientras los precios suben por el ascensor, los salarios lo hacen por la escalera”.
Como los medios al servicio de la extranjerización económica saben eso, y la batalla por los aumentos de salarios se librará al mismo ritmo que crece la inflación, ahora se ocupan en demonizar al secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano, con la finalidad de descalificar la legitimidad de los reclamos de los trabajadores.
Es un juego conocido.
* Periodista. Investigador

“El Servicio de la Inteligencia”

Por José Luis Muñoz Azpiri
La Argentina aparece ante los ojos europeos cuando se está erigiendo la basílica romana de San Pedro, gobierna León X y es excomulgado Lutero. Funda Buenos Aires un soldado español que ha participado en el saqueo de Roma junto con tropas alemanas. La segunda y definitiva fundación de la ciudad ocurre mientras Vignola alza la iglesia de Jesús en Roma, primer templo jesuítico del mundo. Desde entonces, y hasta 1810, cuando proliferan los reinos napoleónicos y el Gran Corso firma la paz de Viena, vivimos la existencia de reino feliz y emprendedor de la corona de España.
En tanto en Europa arde la llama luterana, los jesuitas adoctrinan las tribus del Orinoco y el Plata. España declara, en medio de las selvas y el trópico americano, que la raza humana es una sola y que “Dios, Nuestro Señor, que es único y eterno, hizo un hombre y una mujer de los cuales todos descendemos”. Los indígenas americanos son elevados a la categoría moral de los europeos y sobre dicha proclama filosófica se alza el monumento del derecho indiano que regirá casi todo nuestro pensamiento jurídico hasta el siglo XVIII. Los Cronistas de Indias, que el propio Edward Fueter exalta en su verdadero mérito profesional, yerguen el pórtico de la inteligencia y el espíritu de la América española trazando los perfiles de nuestra credencial humana y explicando nuestra justificación universal.
América es la pedana de la Contrarreforma. Los estudios de Heinrich Wolffin han revalidado los valores estéticos adscriptos a dicha manifestación teológica del “Gran Experimento”. El arte jesuítico es la musa del porvenir, la tensión vibrátil, el triunfo de lo inestable y mudable. La fórmula “dionisíaca” de Nietzsche se relaciona con los goces de la infinitud que proporcionan los cuadros del Greco, los frontis barrocos.
España funda en el virreinato del Río de la Plata dos universidades filosóficas. Mejor dicho, teológico-humanistas. Los centros de estudio de Córdoba y de Charcas crean en la Argentina el hombre humano, el “humanista” cristiano que pone de moda en Europa, Juan Luis de Vives, padre la psicología moderna. Es difícil descubrir hoy día la huella de este ponderado equilibrio: Las casas universitarias austríacas y borbónicas crean en el estudioso argentino la conciencia científica más alta al dar a conocer a éste lo que cada cosa significa y su valor en el conjunto de las cosas. Enseñan la única sabiduría posible, aquella que se funda en lo absoluto y universal. En Córdoba y el Altiplano se forja el cerebro de la mayor parte de los pensadores de la
Revolución. Más tarde, el pensamiento se regirá por experiencias sensibles, abominando de los frutos de la deducción y trasladando el ejercicio de la inteligencia al plano de lo dudoso e hipotético.
El pensador que ejerce mayor influencia en la Argentina, en los siglos XVII y XVIII es el andaluz Francisco Suárez, considerado entre nosotros como el lúcido y representativo filósofo posterior al Renacimiento. El suarismo transforma a Córdoba (de la Nueva Andalucía) en una Salamanca o Sorbona en lo relativo a la seriedad de los intentos y los estudios. Se ha llamado a Suárez “el segundo Aquino”. Los jesuitas de la colonia se plegaron también al movimiento de restauración de estudios inspirado en la teoría de Santo Tomás.
En 1806 y 1807 los ingleses invaden Buenos Aires y son derrotados ambas veces; las playas criollas brindan a España el desquite de Trafalgar. La irrupción británica pone en revulsión ideas que se habían mantenido estables durante más de dos siglos. Se expone el punto de vista de las ideas de Calvino acerca de la santificación del éxito, la consagración del triunfo material. Quién gana tiene razón. E Inglaterra parece, desde hace un siglo, que estuviera habituada “a ganar”. Las ideas de John Locke han arraigado en la América inglesa y en Francia. Comienza un período de gran agitación y angustia intelectual. Las facultades intelectuales de la Colonia entran en juego libre y son puestas en función por la Revolución de Mayo. El triunfo sobre los ingleses desemboca en la victoria de 1810, y dicha revolución, en el nacionalismo político.
Veinte años más tarde, el argentino intelectual se preocupa por definirse a sí mismo y definir el temperamento patrio. A la vez, descubre nuevos caminos en el viejo mapa hispánico. Se debaten los viejos temas de la Ilustración, la fisiocracia, la política teórica británica, el economismo y el sentimentalismo rousseauniano que había hecho arrancar lágrimas al joven Napoleón.
Las doctrinas suaristas y tomistas acerca del fundamento popular de la soberanía que se enseñaban en Córdoba, proveen la base del fermento revolucionario de 1810. La propia España preparó nuestra Revolución como lo hizo Inglaterra con América del Norte mediante el ejemplo de la tradición parlamentaria y las enseñanzas de Locke. Un estudiante de Salamanca, Manuel Belgrano, es el representante del movimiento emancipador argentino mientras un soldado del rey, en España, José de San Martín, es autor de la primera tentativa de “liberación latinoamericana”, como hoy se dice, con punto de partida y asiento estratégico en Buenos Aires.
Estos datos sientan dos nociones que debemos dejar precisadas desde ahora: la unidad histórica argentina indivisa entre el período hispánico y el autónomo o independiente y el contacto en la Argentina de las ideas puras con zonas alejadas aparentemente de su influencia, como la política y la economía. El modernismo querrá torcer ese rumbo a principios del siglo XX, pero sin resultado. El escepticismo, la indiferencia moral y política y el exotismo no son plantas vernáculas entre nosotros. La botánica nacional no las admite. La historia de la mentalidad argentina es la del pensamiento español y americano con influencias francesas e inglesas, transformado en acción social. Nuestra torre de marfil es torre sienesa, con merlones y aspilleras apercibida para el ataque y la defensa diarias.
La búsqueda de Canaán
En el período independiente la cultura argentina alimenta los ideales colectivos, aspirando a arrancar del marco profesional el pensamiento, prosa y poesía. Aún cuando cambie de aspecto con las diversas apreciaciones filosóficas que exige la marcha del tiempo, la cultura determina la condición del hombre en cada época y en cada lugar. En este período señalamos una época de fermentación de ideas y propagación difusiva de las producciones del intelecto. En ocasiones, la agitación y la difusión no corresponden con los valores de permanencia de la obra.
Se inicia la gran expedición exploradora del siglo XIX. Es una centuria abierta por Bonaparte, un hombre de acción, y clausurada por Emilio Zola, un heraldo de la acción social. Romanticismo y positivismo, revolución y restauración. Fechas: 1830, romanticismo, 1859, publicación del “Origen de las Especies”; 1893, “Datos inmediatos de la conciencia”, de Henri Bergson. Darwin concibe, en un viaje planetario durante el cual visita la Patagonia, en 1833, su teoría de la evolución. Conoce a Juan Manuel de Rosas, una fuerza de la naturaleza americana, donde se proyectan nuestras virtudes y nuestros defectos como en un colosal espejo cóncavo y en torno del cual se plantean los problemas de la razón de Estado, la dictadura legal, la extensión del concepto de gobierno popular, la órbita de la política y su integración ética, la conciliación entre utilidad y conciencia o entre ley y libertad y la armonía entre hombre y Estado. El pensamiento argentino durante medio siglo estará emparentado con la problemática de la voluntad y el brazo de Rosas. El libro de Darwin multiplica su retrato por el mundo.
El siglo XIX ha sido vilipendiado: “estúpido”, se le llamó. No creemos lo fuese por sus errores y equívocos sino por la absorción infrecuente de realidades a que obligó a una humanidad que no contaba con elementos suficientes para clasificarlos y sistematizarlos. Hablando concretamente, en el siglo romántico suceden muchas cosas. Las cabezas vacilan en semejante mare-mágnum.
En el aspecto local, tan solo en los casos de Rosas, la literatura gauchesca y el peronismo, la Nación ha actuado “da se”, en el sentido imperioso que se otorga a esta expresión en Italia. Estalla en el “Año X” una revolución que sueña con la libertad de todo alumbrada por el espíritu de los mejores. Sus cerebros, Moreno, el deán Funes, Belgrano y Monteagudo, comprenden súbitamente el carácter “americano” de la jornada. La Argentina liberta a seis naciones hermanas. El desgaste de la jornada engendra la anarquía y la restauración rosista. Rosas es una variante criolla del “restaurador orbis” romano, del salvador del mundo antiguo.
Sobreviene luego nuestro 1848, la Constitución de 1853. Se abre el lapso “tercera república”, que dura casi hasta la segunda gran guerra, influido por el empirismo y el cientificismo positivista. Nuestras musas son los hechos; nuestros dioses, el ferrocarril y los laboratorios. La generación de 1880, cuyo “modelo” rige hasta la muerte de Lugones y el prólogo de la hecatombe nietzscheana de 1939, extrema dichas ideas hasta la exasperación. Sarmiento declara: “Hagámonos los Estados Unidos”, Pellegrini exclama en Roma: “Nos salvaremos a fuerza de ser ricos”. Por primera vez en el mundo, se pospone la gracia divina a Mammón. La Argentina intenta salvarse a través del Becerro de Oro. Cuando alguien declara que no se puede servir a Dios y a Mammón, la divinidad del dinero, descubre bien pronto que Dios no existe. Pero ni somos ricos ni nos hemos salvado, como comprobamos ahora.
Alberdi, Sarmiento y López difunden el pensamiento empírico y positivo; lo cierran y superan Leopoldo Lugones y los escritores, universitarios, poetas e historiadores políticos agrupados en torno a centros de pensamiento como la facultad de Filosofía porteña, la Universidad de Córdoba, donde se inicia la revolución universitaria mundial, según la revista Facetas de Estados Unidos, medio siglo antes del triunfo de Marcuse, y núcleos de revisión filosófica e histórica cuyas teorías, divulgadas y generalizadas por una nueva prensa que comienza a florecer en torno de 1940, abren el camino del actual estado social.
El retorno a la Edad de Oro
Dicho fenómeno consiste en lo siguiente: las masas, consideradas hasta ayer como motores de acción irresponsable, e incapaces colectivamente de cumplir una misión consciente, se transforman en actores principales y corifeos del drama humano espiritual, social o político del país. Un pueblo entero alcanza la autoconciencia. En la alborada del Bicentenario, la Argentina se transforma en un noble laboratorio de experimentos sociales y cultura colectiva.
Los rezagos liberales se confunden con las avanzadas nacionales y populares en el 2010 como las aguas turbias del Plata con el añil ultramarino de la embocadura del río materno (“argentino” significa “platense”). Los nuevos escritores sostienen coordenadas espirituales comunes. Creen en el destino universal y mesiánico de la Nación (“¡Hay en la tierra una Argentina!” como proclamó Darío). El país, pese a la incredulidad de muchos, tiene un destino profético, idea que surge espontáneamente en 1810 y se aplica a los ideales liberales. Se exalta la personalidad de la historia argentina como norma superior ética (San Martín en Guayaquil). Arraiga el convencimiento de que debemos desarrollar una especie de lección humana de generosidad y sentido festival y casi deportivo de la vida regido por las supremas categorías latinoamericanas de la sobriedad y la delicadeza.
Ha existido una época de oro, una edad saturniana, en que el hombre era imagen de Dios. Y todas las cosas, como canta el salmo del poeta David, “eran esclavas del hombre”. Desde hace demasiado tiempo nuestra inteligencia se halla consagrada al servicio de las cosas. Una nación, cuyo héroe civil continúa siendo Sarmiento, un educador, lo menos que puede exigir de sí misma es liberar a sus hijos de la ignorancia, la miseria y el crudo materialismo y hacer que las cosas vuelvan al cometido bíblico de subordinarse a la voluntad del hombre. Tal es la tarea que compete al pueblo del Bicentenario.

Fermín, el Maestro

Fermín Chávez

Por Enrique Manson
Hoy hubiera cumplido 86 años. Porque el 13 de julio de 1924 en ElPueblito, caserío del departamento de Nogoyá, nació Benito Enrique o Benito Anacleto Chávez Giménez. (Benito Enrique fue el nombre con que su padre lo anotó en la Alcaldía local, pero fue cristianado comoBenito Anacleto).
Desde la cuna, rozaba la clandestinidad del matrero. Con el tiempo se lo conocería como Fermín, nombre que apareció cuando ya era un joven crecido.

¿Por que Benito y por que Enrique? Don Eleuterio y Doña Gregoria eran criollos creyentes, y es posible imaginar la selección de santos de fechas cercanas de julio, San Benito y San Enrique.

El Pueblito es un paraje en el que su padre tenía un boliche, trabajaba como peluquero y fabricaba escobas de palma. Benito se crió como un gurí criollo, escuchando sentencias morales de Eleuterio: Moral es la ley y la costumbre que debe guiar al hombre para obrar y hacer el bien.
El peluquero también hablaba a sus hijos y a los gurises vecinos de Don Hipólito Yrigoyen, aquel caudillo a quien no habían visto personalmente, pero que había conquistado sus corazones. Doña Gregoria, a su vez, lo llevaba en sus recorridas por el campo en las que el futuro Fermín se fue identificando con el paisaje.

En la escuela primaria aparecieron diferencias con su casa. Las maestras enseñaban un pasado que no era el que había conocido en su hogar, donde se veneraba a Don Ricardo López Jordán. El prócer entrerriano era el Libertador, Don Justo José de Urquiza, precisamente“asesinado” por los “bárbaros” jordanistas. La contradicción se grabó en su memoria y lo llevaría a incursionar en las artes de Clío.

También fue importante Fray Reginaldo Saldaña y Retamar, sacerdote dominicano, historiador y misionero. Era nogoyaense y supuso en Benito un destino monacal. Terminado cuarto grado, último de la escuela del Pueblito, el fraile lo llevó a Córdoba.
Benito Enrique, el novicio
Allí estudió Humanidades en el Colegio Apostólico de la orden. Siguió el noviciado en el Convento de Santo Domingo, cerca de los restos deBelgrano y de las banderas inglesas de 1806 y 1807.
Aprendió Filosofía, y desde 1944 Teología y Derecho Canónico, en el ColegioInternacional Dominicano del Cuzco. Fue en la capital de los incas donde oyó, por onda corta, una noticia que le despertaría una vocación más fuerte: la pueblada del 17 de octubre.

Ya había nacido su inclinación literaria. En marzo de 1941 el diario porteño Crisol publicó su poema "Paisaje del Plueblito", que en julio salió en un periódico de Nogoyá. Ya lo tironeaba la política. Habían caído en tierra fértil las charlas con nacionalistas que visitaban el convento y, sobre todo, quedó cautivado por un coronel que conoció el 20 de junio de 1943 en la calle Victoria, frente a la Plaza de Mayo.
Aún novicio, en el nogoyaense "El Parque" publicó "El general Perón y el derecho de gentes", en 1946. Ese año apareció en "Tacuara" de Buenos Aires "A Darwin Passaponti", dedicado al mártir del 17 de octubre. En octubre recibió la dispensa que lo volvió a la vida civil.

De nuevo en Buenos Aires empezó a escribir en "Tribuna" y asistió a la "Fiesta de la Poesía" donde oyó recitar a Neruda, Guillén, León Felipey Rafael Alberti.

Trabajó en el área de Cultura de Poder Ejecutivo, colaboró con la CGT, y continuó en el periodismo, sin abandonar su actividad literaria. En1950 publicó, con Leonardo Castellani, una antología de la poesía lírica argentina. Ese año se iniciaron las reuniones de la "Peña de EvaPerón", donde se escucharon poesías suyas. Allí conoció a la mujer de la que diría, en un libro de los ’90, "Eva Perón no es un mito".

La revolución de 1955 lo llevó a vivir la política como lucha. Su acercamiento a la investigación histórica no fue poco riguroso. Ya viejo se enorgullecía al afirmar que en su "Vida de López Jordán" no había dato que no estuviera basada en documentos. A la del caudillo entrerriano, siguió la biografía de un intelectual que, como él, defendía sus verdades arriesgando el pellejo: José Hernández. Luego seguiría la "Vida del Chacho".
Un matrero jordanista
Al mismo tiempo se sumó a la resistencia peronista, listo a la hora del combate, aunque remiso a la de los honores, ocupó puestos de riesgo y ganó la confianza personal de Perón.

La ojeriza de López Rega lo excluyó del primer retorno “peroniano”. No ocurriría lo mismo con el segundo y definitivo. Fermín contaba del viaje de regreso que tenía buena orientación en el aire, y notó que el avión cambiaba su rumbo para aterrizar en Morón. Tardo en enterarse de los acontecimientos que habían obligado al cambio.

Vivió los agitados días de la tercera presidencia, y tuvo a su cargo la redacción del comunicado oficial de la muerte de Perón. Tras el golpe de marzo de 1976, cuando algunos académicos se entrevistaban con el dictador Videla o trabajaban en el diario del hampón Massera, retomó las costumbres clandestinas y comenzó la publicación de un periódico de salida incierta, irregular distribución y nombre elocuente: "Pueblo Entero". En él colaboraban muchos grandes de la cultura peronista, que serían recordados en su "Alpargatas y Libros" de2003.

Al recomenzar la actividad política, apoyó la candidatura presidencial de Antonio Cafiero, y dirigió la revista "Movimiento". En su primera tapa, titulada "Todos unidos triunfaremos", aparecían las caras de las principales figuras del peronismo.

Luego de la primera derrota electoral peronista, se volcó a la producción intelectual. Sin embargo, no estuvo ajeno a los hechos políticos, y acompañó a José María Rosa en el apoyo a la aprobación del acuerdo por el Canal Beagle. En 1986 fue uno de los principales animadores del homenaje a los 80 años de su “paisano, el gaucho Pepe de la parroquia de Catedral al Norte”, a quien le dedicó versos que firmaba “El gaucho Fermín de la parroquia de la Concepción”.

Luego llegó la victoria electoral del candidato arribado de las faldas andinas. Fermín se encolumnó disciplinadamente. No duraron sus esperanzas, y al poco tiempo tomó distancia de un gobierno que, montado en la crisis, desmantelaba lo que quedaba de la obra del primer peronismo. Se había quedado, al decir de muchos, en el ’45. Por eso rechazó ofrecimientos de cargos.

En 1993, fue convocado para continuar la "Historia Argentina" de Pepe Rosa, muerto dos años antes y que había llegado hasta 1946. Colaboramos en su realización Jorge Sulé, Juan Carlos Cantoni y quien esto escribe. Fueron momentos fecundos y felices.
En 2004, con su gran amigo Ángel Núñez y con el autor de este recuerdo.

Volvieron sus ilusiones en 2003, y cuando festejamos sus ochenta años, le preguntaron como lograba mantenerse joven y saludable. Su respuesta - “trabajando” - estaba en los títulos casi cotidianos que salían de su pluma: "La vuelta de Don Juan Manuel, "Eva Perón no es un mito", "De Matreros y Matreras", "El Che", "Perón y León Felipe", "Diez hijos de Evita" y hasta su insólito "Pueri peronisti", versión en latín de la “marchita”, que mostraba su sentido del humor, tapado por su pudor de gaucho.

Sus últimas obras: "Civilización y Barbarie en la Cultura", "Historicismo e Iluminismo", "La Reconstrucción de la Conciencia Nacional", "Pero esto tiene otra llave", lo ubican entre los grandes intérpretes de nuestra cultura y nuestra identidad.
El gaucho poeta volvió en su "Otra vuelta con Martín Fierro", y en la monumental "Historia y Antología de la Poesía Gauchesca" de 2004, con estudios de Guillermo Ara, José Gabriel, Ángel Núñez y Aurora Venturini. Tuve el honor de escribir, junto a él, los cuatro tomos finales de la "Historia", que llegan a 2001.
Un hombre sin rencores
Recibió premios, menos sin duda de los que merecía: "ConsagraciónNacional", la "Orden Pampa", el "Jauretche" del Instituto Jauretche de Merlo, y el que recordaba con ironía: "Mayores ilustres". Fue "Ciudadano Ilustre" de Nogoyá y de Buenos Aires, y profesor en las universidades de Buenos Aires y de Lomas de Zamora.

Nos habíamos acostumbrado a almorzar con él en un modesto restaurantede su barrio de San Telmo. Y nos dejó un 28 de mayo. Pudimos cumplir con su voluntad: dejar sus restos en "El Pueblito", donde en el jardín de la iglesia, al son de chamarritas de gauchos jordanistas, oye el canto de los pájaros y siestea a la sombra de una tipa.
13 de Julio de 2010
Nota enviada por : www.elortiba.org

FRAGILIDADES IDEOLOGICAS

Por Jorge Rachid

Desde que la caída del Muro de Berlín ocasionó algo más que el final de la Guerra Fría, –el eje que instaló Francis Fukuyama en su ya famoso libelo producto de una disertación de su teoría sobre el fin de las ideologías–, pareciera que muchos intelectuales y militantes políticos y sociales, clausuraron su visión anterior del mundo, abandonando el pensamiento crítico y subiendo destempladamente a la nueva ola globalizadora de la modernidad, abandonando sueños soberanos y utopías liberadoras, en pos de caminos de discurso único y democracia mercadista.

Esto no fue sólo producto del marketing que rodeó al pensador de origen japonés, entre otros, desde la Trilateral al Consenso de Washington, sino de un sinnúmero de nuevos y viejos sociólogos y politólogos como Michel Albert y su teoría del capitalismo renano; Alan Touraine explicando cómo debía aggiornarse la social-democracia europea; el periodista Guy Sorman tratando de convertirse en abanderado del imperio, no faltando los ex PC italianos en su discusión si con Marx o contra Marx podrían sobrevivir de la mano de Bobbio, Catena y otros –que aquí fueron adoptados – todos ellos sin beneficio de inventario en la segunda década infame de los 90, incluso por peronistas apáticos y desilusionados, que abandonaron sus sueños y caminan con rencor y sin humildad tratando de protagonizar la política sin pasar siquiera por el tamiz de la autocrítica.

Perón nos enseñó que la política con mayúsculas, es la política internacional; desde ahí el análisis, la necesaria reflexión y el diseño de los probables escenarios por venir.

Desconocer esto es ignorar el núcleo del pensamiento político, de la construcción del mismo y la recuperación plena del análisis crítico.

Sin embargo ahí están los escritos que anticipaban los tiempos, desde Lester Thurov en su libro la Guerra del Siglo XXI, hasta la más reciente Naomí Klein en la Teoría del Kaos, por nombrar sólo dos formados en el llamado primer mundo: Lester norteamericano y Naomí canadiense, junto a Walter Grazziano en Quien vió a Matrix o la recientemente fallecida Beba Balvé, una intelectual revolucionaria de estatura, en su libro Poder y Guerra, los que en conjunto y desde diferentes lugares anticipaban los tiempos y describían con precisión los factores de poder que operan a nivel mundial y cómo tiñen sus necesidades estratégicas –llámese petróleo, armas, agua dulce, áreas de influencia, control de drogas, comunicaciones entre otras – usando para ello los medios de comunicación que generan democracias dictatoriales y monarquías democráticas, según el alineamiento internacional que tengan.

Así la Argentina pasó de ser, en la dictadura y en la década del 90 , privilegiada en el mundo entero por su sumisión a los organismos de créditos internacionales, como el FMI y el BM, siendo por este hecho, alabada y recibida, en sus máximos niveles ejecutivos, como el Grupo de los 7 países rectores del mundo, como se recibía en el imperio a los virreyes, siendo exaltado este tema por los medios de comunicación locales e internacionales de nuestro país, previsibles, políticamente correctos y siempre alineados con el Imperio.

Fue el mecanismo de generación de dependencia, la deuda externa y el Plan Brady, más elaborado desde los créditos de la Baring en épocas de Rivadavia o del Pacto Roca-Runciman con Inglaterra, endeudarse primero, condicionar el comercio exterior después, abandonar el valor agregado convirtiendo el país en factoría de materias primas y al no poder asumir los compromisos de pagos, más deuda, entrega de activos físicos, desde empresas del Estado hasta tierras fiscales, libre juego del capital especulativo, buitre codicioso e insaciable como vemos hoy en Europa y ayer nomás en EE.UU.

Resultado: el desplazamiento de millones de argentinos a la periferia misma de la historia, abandonados a su suerte, transformados en parias después de haber transitado su vida de trabajo y esfuerzo, escriben la historia hasta nuestros días.

Sin embargo esta simple descripción, apretada y sintética, parece alejada de la política de cabotaje en nuestro país, ya que los principales dirigentes políticos actuales parecen no comprender cabalmente lo que sucede en el mundo, cómo se está dando el cambio de paradigmas, la situación de tensión instalada, los ataques de EE.UU. a la Unión Europea con intención de destruir el euro y por ende debilitar el bloque, los asesinatos selectivos por el mundo de la mano de la CIA, la Mossad, el MI5 inglés, la elección del pueblo musulmán como único enemigo del occidente cristiano, tan occidental como Japón y tan cristiano como Israel, la permisividad de los ataques preventivos en nombre de la democracia y la libertad.

Estas políticas ocasionaron en los últimos años más de un millón de muertos sólo en Irak y Afganistán.

No es lejana a esta descripción la expansión marítima y petrolera de Inglaterra sobre el mar austral argentino y nuestras Islas Malvinas.

No es menos significativo que el bloque completo de la UNASUR haya repudiado esta práctica y es llamativo como China – a propuesta de Chile – vota en el Comité de Descolonización junto al resto de los países en forma unánime a favor de la Argentina.

De esto no se habla en nuestro país y los medios concentrados lo ignoran, seguramente porque están más interesados en mostrar los pliegues de sus propias miserias.

Por eso habría que elaborar un test de preguntas para cualquier candidato político a futuro a cumplimentar con la misma puntillosidad con que se pide su declaración jurada de bienes y debería tener el mismo control en sus respuestas en caso de gobernar o cumplir algún trabajo político a futuro.

Preguntas que definan el perfil ideológico del candidato, un perfil que entierre lo mediático atado a la lógica del dinero, a la inversión productiva en lo personal que después debemos pagar todos los argentinos.

1. ¿Qué haría usted con la UNASUR, el Banco del Sur y el sistema de Defensa Continental de la UNASUR?

2. ¿Qué haría usted con el sistema previsional argentino? ¿Volvería a las AFJP del sistema de capitalización, fortalecería el sistema de reparto, ejecutaría una planificación estratégica de los recursos apuntalando el pacto intergeneracional y consolidando capital a futuro?

3. ¿Qué propondría usted como marco legal para los trabajadores? ¿Mantendría las recuperación de las leyes laborales, el funcionamiento de los convenios colectivos de trabajo, la Comisión del Salario Mínimo Vital y Móvil? ¿Ampliaría la cobertura de los desempleados, fortalecería la seguridad social para los sectores en riesgo o desprotegidos, los inválidos, los discapacitados, los enfermos crónicos sin acceso al mal llamado mercado laboral?

4. ¿Modificaría la ley 24.557 de Riesgos de Trabajo y eliminaría las ART como figuras responsables de la seguridad e higiene de los trabajadores? ¿Volvería a un régimen de protección de los trabajadores antes que indemnizatorio, ya que el único capital del trabajador es su salud?

5. ¿Estimularía la educación pública y eliminaría los subsidios a la privada que hace que los trabajadores paguen la educación de los ricos? ¿Avanzaría sobre las escuelas express? ¿Recrearía la educación técnica como pilar de la inserción laboral a futuro?

6. ¿Sería capaz de desarrollar la producción pública de medicamentos aún a costa del conflicto que generará la industria y que volteó más de un gobierno o ministro?

7. ¿Acumularía poder para transformar la fragmentación de hoy del sistema de salud en un plan nacional de salud que articule los diferentes subsectores y termine con la inequidad de argentinos nacidos en diferentes lugares con diferentes derechos?

8. ¿Planea hacer reglamentar el artículo 14 bis de la Constitución Nacional para que los trabajadores tengan acceso a las ganancias de las empresas?

9. ¿Cree que el Estado debe ser el eje articulador y promotor de la obra pública y los servicios esenciales de la población?

10. ¿Piensa que la libertad y los derechos son iguales para todas las personas sin diferencias de sexo, elección sexual, raza, religión o no, lugar de nacimiento y que el Estado debe promover y proteger esos derechos de cumplimiento efectivo de acuerdo al artículo 14 bis de la CN?

11. ¿Es capaz de promover la investigación y el desarrollo tanto en ciencia pura como aplicada, como forma de recuperar soberanía y sin aceptar imposiciones externas o privadas, abrir todos los caminos de investigación que usemos y no poseemos hoy para que sean parte de nuestro patrimonio nacional?

12. ¿Se siente capacitado para desarrollar fuerzas armadas que se integren a la política latinoamericana desarrollada desde la UNASUR, con una formación acorde en lo cultural que recupere la identidad nacional, la concepción de integración regional, dejando de depender de hipótesis de conflicto generados por terceros países?

13. ¿Mantendría la actual política de derechos humanos y los juicios por delitos de lesa humanidad como los que se están desarrollando, ampliando a los responsables civiles de la dictadura?

14. ¿Consolidaría la ley de medios vigente que implica la desmonopolización de los medios de comunicación, su federalización y su ocupación por entidades sin fines de lucro como universidades y entidades intermedias?

15. ¿Se daría una política de integración con los sectores desplazados en los 90 que aún no han logrado la reinserción social necesaria para tener cobertura social plena? ¿Cómo lo haría?

16. ¿Fijaría medidas proteccionistas para asegurar el trabajo argentino o abriría al juego del mercado los negocios internacionales?

17. ¿Se propondría usted una activa política de industrialización con medidas activas desde el Estado nacional para asegurar su cometido?

18. ¿Se siente capaz de realizar el esfuerzo de cambiar los ejes temáticos de la enseñanza en sus diferentes niveles desde primario a universitario, a los fines de apuntalar el pensamiento nacional, la identidad latinoamericana, la solidaridad como herramienta de los pueblos, el respeto a los pueblos originarios, la justicia social y la independencia económica?

19. ¿Trabajaría desde una concepción de movimiento nacional integrando a todos los sectores del campo nacional y popular a un planteo estratégico de un modelo de construcción política y social?

20. ¿Apuntalaría la idea de un Banco Central que esté al servicio del país antes que del sector financiero, eliminando la absurda pretensión de independencia del mismo? ¿Sería capaz de ponerle límites e impuestos al sector financiero rentístico del país? ¿Cambiaría la base tributaria injusta que hace pagar a los que menos tienen a través del impuesto masivo del IVA, por una tributación acorde a los perfiles económicos de cada grupo aportante? ¿Sería capaz de eliminar el impuesto al trabajo que hoy se paga como ganancias cuando es alimenticio?

Podría seguir con 20 preguntas más si nos dedicamos a la política con los candidatos antes que a los perfiles familiares, la noche de gala, el glamour y toda la frivolidad que golpea con fuerzas en los sectores más desprotegidos de nuestra comunidad.

El compromiso es con quienes más nos necesitan pero desde una concepción de justicia social y no de bienestar social, que remeda políticas asistencialistas, paternalistas, que degeneran en apropiaciones de voluntades dependientes, clientelísticas que lejos de hacer asumir compromisos los diluyen, apuntalando lo peor de la política.

Estamos en un momento de la historia de nuestro país y del mundo espectacular para producir los cambios que los tiempos de la conciencia colectiva del pueblo nos vaya marcando y nosotros colaborando en el apuntalamiento cultural necesario para transcurrir la historia de abandono y neoliberalismo que ha impregnado más de tres décadas.

Fútbol hasta en la sopa, gracias a Dios


Por Carola Chávez
Enviado desde Venezuela para Reconquista Popular
Publicado por Alberto Franzoia en www.elortiba.org/foro/viewtopic.php?f=1&t=11097
Aprovecho un ratico entre los juegos de la primera fase del mundial para sentarme a escribir mi artículo de esta semana.
Trato de concentrarme pero mi cabeza todavía baila al son del gol de Palermo con la selección Argentina.
No es fácil dejar a un lado la pachanga de este pedacito de victoria y menos cuando festejo con Dios, quien prometió, en caso de ganar la copa, celebrar en pelotas en pleno centro de Buenos Aires. ¡Dios en pelotas! Yo quiero ver eso.
Ya sé que la FIFA es una multinacional, ya sé que probablemente el Che no pasó horas y horas sentado viendo el fútbol, ya sé que aupar a Argentina me convierte en una especie de sietecueros sin patria, ya sé todo eso pero yo me entregué hace tiempo.
Yo me cansé de racionalizar todo, me cansé de que me digan qué cosas son o no revolucionarias, sobre todo me cansé de que traten de convencerme que la alegría, la celebración, el acercamiento que vivimos durante el mundial me distrae de lo verdaderamente importante, como si no se pudiera caminar y comer chicle a la vez.
Caminando y comiendo chicle está Fidel que no ha dejado de mencionar al Dios y a su arcángel Messi en sus reflexiones, caminando y comiendo chicle mi presi cancela el Aló Presidente para que nadie se pierda un partido, caminando y comiendo chicle recordamos que Maradona siempre fue la piedra en el zapato de la FIFA, Pelusa que se les metió en el ojo, Dios que se ha convertido en la peor pesadilla del establishment futbolero, recurrente pesadilla ahora con un tatuaje del Che en el brazo. ¡Con ese brazo lo quiero ver levantar la copa!
Mal ejemplo, dicen los inmaculados apóstoles de la hipocresía, drogadicto, cocainómano... Mal ejemplo dicen porque su aversión a la verdad no les permite admitir públicamente que lo que les horroriza del Pibe es el Che en el brazo, el reconocimiento de Fidel, la cercanía con Chávez, su eterna indisposición para tragarse las reglas que hacen los fuertes, los abusadores, su bocota que no deja de decir lo que piensa y su cabecita negra que no deja de pensar.
La calidad humana de Maradona desnuda la mezquindad de quienes convierten todo en negocio con una selección que juega al fútbol por jugar al fútbol, amigos que se juntan en un patio, grandísimo y muy televisado, sí, pero para ellos un patio, a hacer lo que más les gusta, lo que mas nos gusta verlos hacer.
Mientras, los medios sueñan con informar el fracaso de Dios como sifuera posible que Dios fracasara. Porque no entienden la grandeza de lo que hace Diego, no entienden que ya venció devolviendo la magia infantil del juego a las canchas del mundial.
¡Y que la sigan chupando! -Palabra de Dios.